martes, 16 de noviembre de 2010

Y a la inversa





Así como la espuma del mar, el amor se disuelve, regresa al lugar donde nació un día, se suspende el tiempo y el corazón al unísono. No es necesario decir cuánto amor se ha entregado, ni menos cuánto ha faltado. Tan solo basta con saber que se ha sido capaz de sentir. Si se está presente o no, es algo muy personal, no se puede recibir lo que nunca se aprendió a dar y a la inversa. Porque el amor es una inversa, es el ir y venir de emociones, sentimientos, afectos y efectos. Que bonito es lo bonito, las olas a merced del viento, la arena y su calmada espera, la espuma como espíritu flotante, el amor estrépito latente.